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Jueves, 04 Mayo 2017 14:04

Día mundial higiene de manos

lavar manos

A mediados del siglo XIX, Ignac Semmelweis, médico de origen húngaro, y que trabajaba en el Hospital General de Viena, observó que la incidencia de infección de fiebre puerperal, entre las madres que daban a luz en la sala de maternidad atendida por médicos y estudiantes, que llegaban a ella después de trabajar en la sala de autopsias, era muy superior a la de aquellas mujeres que daban a luz en otra sala de maternidad en el mismo hospital –o en casa, aquí la historia se mezcla con la leyenda-, pero atendida por personal distinto. Tras realizar el experimento de plantear el lavado de manos con cloro –o agua y jabón, según el texto que se lea- a aquel personal que acudía a asistir partos tras las autopsias, dicho nivel de incidencia de fiebre puerperal cayó rápidamente. En este descubrimiento, que a él le hizo caer en desgracia en el ámbito de la comunidad médica, pero que revolucionaría muchos años después el mundo de la medicina, y que se encuentra en la base de la antisepsia, encontramos la primera experiencia que demostró la importancia de la higiene de manos en el ámbito intrahospitalario para disminuir la prevalencia de infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria (IRAS), o nosocomiales.

El concepto de higiene de manos es amplio, y hace referencia a aquel procedimiento que tiene por objetivo la reducción de la carga microbiana presente en las manos. Podemos distinguir 3 conceptos distintos, lavado de manos, desinfección de manos y desinfección de manos con productos con base alcohólica. La diferencia fundamental que encontramos entre los conceptos es el espectro sobre el que actúan y su finalidad.

  1. Lavado de manos: tratamos de eliminar la materia orgánica visible presente en la piel con jabones antisépticos y agua, y de esta forma eliminar la flora transitoria de la piel –sin repercusión obligada sobre la flora habitual-
  2. Desinfección de manos:
    1. Productos cuya base no es el alcohol: también se elimina la flora transitoria, tienen un espectro más amplio que el jabón, un efecto muy rápido, aunque no tienen, necesariamente, efecto residual
    2. Soluciones hidroalcohólicas: productos diseñados para la inactivación de microorganismos y/o inhibir su crecimiento. También tienen un espectro muy amplio y efecto en segundos. Cuando no hay materia orgánica visible, es la técnica a la que nos referimos normalmente al decir “higiene de manos”.

Al hablar de higiene de manos durante la atención sanitaria al paciente, la Organización Mundial de la Salud ha establecido, desde hace ya varios años, los 5 momentos fundamentales:

  • Antes del contacto con la piel del paciente (exploración física, simplemente estrecharle la mano...): la evidencia detrás de esta recomendación se basa en evitar la transmisión de los gérmenes que podamos tener en nuestras manos al paciente, y viceversa.
  • Antes de realizar una técnica aséptica (aspiración de secreciones, inserción de catéter…): de esta forma evitamos la entrada en el cuerpo del paciente de los microorganismos que tengamos presente en nuestra piel, o incluso la entrada de los suyos propios.
  • Después de la posibilidad de haber sido expuesto a líquidos corporales: aunque llevemos guantes, una vez realizadas tareas como extracción de sangre o manipulación de orina, heces etc., debemos realizar una correcta higiene de manos con el fin de protegernos y proteger el entorno de atención de salud de los patógenos dañinos del paciente.
  • Después de tocar al paciente, e incluso la zona que lo rodea, al abandonar la cabecera del paciente: así evitamos propagar la potencial contaminación presente en la piel del paciente o su entorno cercano. No podemos olvidar la importancia que tienen la superficies como reservorio de microorganismos, pudiendo algunos de ellos permanecer en superficies secas 5 meses (Acinetobacter baumannii), o incluso 30 (Klebsiella).
  • Después de estar en contacto con el entorno del paciente, incluso si no hemos llegado a tener contacto con el paciente en sí: una vez que hemos tocado cualquier mueble u objeto que se encuentre alrededor del paciente es necesaria una correcta higiene de manos.

Tras conocerse, como decíamos, desde hace más de 200 años la importancia de la higiene de manos en la prevención y control de la infección, actualmente se la considera como la piedra angular de estos proyectos, junto con la racionalización del uso de antibióticos, y de aquellos programas que pretenden la prevención de enfermedades profesionales adquiridas durante la práctica sanitaria.

El respaldo científico de la importancia de la higiene de manos está fuera de toda discusión, ya que existe abundantes estudios metaanálisis, revisiones sistemática de la literatura, ensayos clínicos etc., que proporcionan evidencia tipo IA y IB (y también de otras categorías menores) sobre multitud de aspectos relacionados con la higiene de manos: disminución de la prevalencia de infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria –globales o ajustadas-, los componentes ideales de un programa de implementación de higiene de manos, la importancia del uso de los dispensadores y su colocación etc.

Uno de los aspectos más importantes que se evalúan en los estudios, y que debe ser siempre uno de nuestros objetivos más importantes, es la evaluación del porcentaje de cumplimiento con respecto a los 5 momentos. No solo saber el dato global es necesario, si no también desglosar el nivel de cumplimiento momento a momento, ya que la implementación de los programas de higiene de manos para conseguir reducir el número de IRAS se basa en modelo de “cadena de infección”, es decir, aquel modelo que establece que en toda infección existe un:

  • Portal de entrada: lugar por donde el agente infeccioso entre en el cuerpo del hospedador
  • Hospedador susceptible: la persona en riesgo de desarrollar una infección
  • Agente infeccioso: cualquier microorganismo capaz de causar una infección
  • Reservorio: el lugar (agua, comida…) en el cual el patógeno reside, se desarrolla o se reproduce
  • Portal de salida: el lugar por donde el germen abandona el reservorio (fluidos corporales, la boca etc.)

Por tanto, según este modelo, la cadena de la transmisión de la infección tiene lugar cuando la contaminación de una superficie –como puede ser la piel- es transferida a un huésped susceptible. Por tanto, cortar la cadena de transmisión en cualquier de sus momentos, reducirá la transmisión de la infección, incluidas aquellas relacionadas con la asistencia sanitaria. Y he aquí donde una adecuada higiene de manos, podrá interrumpir en diversos puntos dicha cadena. ¿Por qué conocemos y, sin embargo, los niveles de cumplimiento se mantienen bajos?

No cabe duda de que en un momento en el que contamos con productos efectivos como las soluciones hidroalcohólicas, y solvente evidencia científica que respalda esta actuación, el futuro de los programas de higiene de manos pasa por una mejora en la adherencia de uso, aumentar los niveles de cumplimiento. Mejorar las formulaciones de los productos para hacerlas más atractivas a los/las profesionales, el uso de tecnología para reforzar la monitorización de la higiene de manos, la incorporación de prácticas más rigurosas en este ámbito en el entorno sanitario o, sobre todo, la incorporación del paciente en el control de la higiene de manos por parte del estamento sanitario, son, a priori, las estrategias más importantes que se deberán desarrollar para conseguir niveles de adherencia suficientes para que las manos de nuestros profesionales dejen de ser un problema.

Finalmente, podemos concluir que la higiene de manos es la solución más sencilla, y una de las más costo-eficientes, en los programas de prevención y control de la infección y a la hora de maximizar la seguridad del paciente. Quizás, por ello, por simple, por replicable, por accesible, en un mundo cegado por la tecnología, no seamos capaces de concienciarnos de su importancia.

Dr. J. del Diego Salas. Responsable nacional de Medicina Preventiva de ASISA.

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